Los primeros 100 días de Biden: rehacer EE. UU. después de Trump
Apenas cuatro meses después de los disturbios en el Capitolio que dieron cierre a la legislatura de Donald Trump, el presidente Joe Biden ha iniciado su mandato con un perfil que difiere de manera radical del de su antecesor debido a su tendencia a la discreción proactiva, su apuesta por la unión como signo de fortaleza y su visión del Gobierno como solucionador de problemas.
Por Natalia Molina
10 de mayo de 2021

Los primeros 100 días de Biden

Rehacer EE. UU. después de Trump

Biden 100 días

Joe Biden durante un mitin. Fuente: Jlhervàs  | Licencia Creative Commons

Los primeros 100 días del demócrata Joe Biden en la Casa Blanca se han caracterizado por la aplicación incesante de medidas con las que afrontar los principales retos en materia sanitaria, social, económica y migratoria a los que se enfrenta Estados Unidos (EE. UU.).

Asimismo, ha roto con el aislacionismo de su antecesor en el cargo, el republicano Donald Trump. EE. UU. regresa al multilateralismo, a la firma de grandes acuerdos internacionales y a asegurarse un puesto relevante para abordar los problemas globales.

Vacunación masiva

La pandemia de coronavirus y el proceso de vacunación son los principales retos a los que se enfrentan los gobiernos desde hace año y medio. No obstante, EE. UU., que ha superado el medio millón de fallecidos y los 32 millones de contagios, es el país más afectado si se atiende a las cifras totales (Johns Hopkins University, 2021).

En ese sentido, su promesa de conseguir administrar 100 millones de dosis durante sus primeros 100 días de Biden como presidente fue cumplida con creces. El 29 de abril había duplicado esa cifra con más de 237 millones de dosis y casi un tercio de la población completamente vacunada (Centers for Disease Control and Prevention, 2021).

La vacunación rápida y efectiva, cuyo proceso ha sido calificado como excelente o bueno por el 72% de los estadounidenses, es el mayor logro de la Administración Biden (Pew Research Center, 2021).

Alejado de la falta de gravedad que le atribuyó Trump al coronavirus, quien desdeñó el uso de mascarillas y llegó a calificar la enfermedad como una “bendición” tras contagiarse, ha conseguido asentar un mensaje de seguridad y de esperanza.

Rescate económico

Su plan de recuperación económica, el American Rescue Plan, se aprobó en marzo en el Congreso gracias a la mayoría que los demócratas poseen en ambas cámaras. Este programa cuenta con una inversión de 1.9 billones de dólares, es decir, alrededor de 1.6 billones de euros. (The White House’s Briefing Room, 2021).

Esta cantidad se destinará a dos objetivos: lograr una recuperación económica equitativa y reducir la pobreza un 3,6%, lo que supone sacar de esa situación a unos 11 millones de personas. Entre las medidas para conseguirlo se encuentra el pago directo de 1.400 dólares a rentas medias y bajas, la extensión del seguro de desempleo hasta el 30 de septiembre con un suplemento nacional de 400 dólares por semana o un crédito fiscal por hijo valorado entre los 2.000 y los 3.000 dólares para aquellos con edades comprendidas entre los 6 y los 17 años y entre los 2.000 y los 3.600 para los menores de 6 años.

A ello hay que añadir el American Families Plan, que busca reforzar el American Rescue Plan para combatir la pobreza infantil. Esta se sitúa en la actualidad en un 15% y afecta más a la población asiática, afroamericana e hispana (Parolin, Z., Collyer, S., Curran. M. A. y Wimer, C., 2021).

Empleo y reforma fiscal

Esta visión del Gobierno como solucionador de los problemas de la población, que fue rechazada repetidamente por Trump, también ha desarrollado el American Jobs Plan. Con un presupuesto cercanos a los 2 billones de dólares a 8 años, recuerda en su espíritu al New Deal con el que Franklin D. Roosevelt, uno de los presidentes que Biden más admira, superó la Gran Depresión. De esta manera, el  American Jobs Plan también se basa en un sistema de obras públicas y renovación de infraestructuras con el que sacar a varios millones de personas del desempleo (The White House’s Briefing Room, 2021).

Por último, hay que añadir la reforma fiscal que propone con el Made in America Tax Plan. Con ella se aseguraría de que las corporaciones “paguen de manera justa” y “no trasladen empleos y ganancias fuera” (The White House’s Briefing Room, 2021). Según sus previsiones, estas medidas y el aumento del impuesto de sociedades conseguirían recaudar 2.5 billones de dólares. Ello cubriría por completo el desembolso del American Jobs Plan dentro de 15 años.

Regreso al escenario global en los 100 días de Biden

La apuesta de Biden que hemos visto durante sus primeros 100 días por el multilateralismo supone una ruptura con el aislacionismo de la era Trump. Apenas cinco horas después de llegar al poder, reincorporó al país a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y al Acuerdo de París e hizo público su apoyo a la iniciativa internacional Covax, que persigue el acceso equitativo a las vacunas contra la Covid-19 a nivel mundial.

Este ritmo frenético por recuperar influencia global, granjearse la simpatía del ala progresista de su partido y reactivar alianzas en el exterior no ha decaído.

Así lo muestra que su Administración haya avanzado que presentará junto con varios países una petición a la Organización Mundial del Comercio (OMC) para que las patentes de las vacunas contra el coronavirus se suspendan temporalmente (Executive Office of the President, 2021)

De ese modo, sería un actor clave en la vacunación masiva a nivel mundial. También, imprimiría a esta campaña un enfoque solidario ya que los países más pobres podrían fabricar las dosis en sus territorios.

Otras acciones destacadas son su orden de retirar las 2.500 tropas que permanecen en Afganistán y, de este modo, poner fin a la guerra más larga en la que ha participado EE. UU. o su deseo de volver al Acuerdo Nuclear con Irán, que fue roto por Trump en 2018.

Sin embargo, la calificación de “asesino” hacia su homólogo ruso, Vladimir Putin, y sus declaraciones a favor de la liberación del opositor Alexéi Navalny han aumentado la tensión en el escenario internacional.

Asimismo, la imposición de sanciones por el envenenamiento de Navalny y por la injerencia del Servicio de Espionaje Exterior en las elecciones de noviembre de 2020, en el ciberataque masivo a la compañía de software SolarWinds, que comprometió objetivos de la Administración, y en la incitación a los talibanes a atentar contra bases estadounidenses en Afganistán, ha supuesto un acercamiento a la Unión Europea (UE) y un recrudecimiento de las relaciones con el Kremlin, lo que supone un giro respecto a la política exterior practicada por Trump (The White House’s Briefing Room, 2021).

La Administración de la diversidad

El equipo de Gobierno formado por Biden es el más inclusivo de la historia de esta nación. Su objetivo de componer un gabinete “tan diverso como EE. UU.” se ha desmarcado de los anteriores, donde el perfil predominante era el de un hombre blanco heterosexual.

Así, el 46,2% de los miembros son mujeres, el 53, 8% son hombres y la mitad son “no blancos” (Inclusive America, 2021). Entre los nombramientos más destacados está Kamala Harris, primera mujer vicepresidenta y de origen afroamericano y asiático; Peter Buttigieg (Departamento de Transporte), primer secretario abiertamente homosexual; Alejandro Mayorkas, cubano y primer inmigrante en dirigir el Departamento de Seguridad Nacional y Deb Haaland (Departamento de Interior), primera persona nativa americana en ocupar una secretaría gubernamental.

De esta forma, ha mandado un mensaje de renovación, modernidad y espíritu de progreso. También muestra que en todos los grupos hay profesionales eficaces y cualificados donde su sexo, origen u orientación sexual son un aliciente al crear referentes.

Crisis migratoria, un asunto pendiente

La proporción de estadounidenses que ven con preocupación la entrada de personas en situación irregular por la frontera con México ha aumentado 20 puntos en los últimos 10 meses, hasta situarse en el 48%. Además, es percibido como un problema “muy grande” por el 72% de los republicanos y el 29% de los demócratas (Pew Research Center 2021).

La perspectiva humanitaria que Biden ha querido dar a la inmigración no autorizada con la suspensión de los Protocolos de Protección de Migrantes (MPP, por sus siglas en inglés), un programa desarrollado por Trump que obligaba a los solicitantes de asilo a esperar fuera de territorio estadounidense hasta la resolución de sus casos, con el aumento de la cuota anual de personas que podrán recibir la condición de ‘refugiado’ y con la reagrupación de familias, ha mitigado en parte las situaciones de violencia institucional a las que se enfrentan los migrantes.

No obstante, las condiciones de pobreza, vulnerabilidad y violencia se perpetúan con las expulsiones exprés, los largos procesos burocráticos para obtener asilo, la saturación de los centros de acogida y la gestión y protección ineficiente del sistema ante la llegada récord de “más de 20.000 de menores no acompañados” durante los últimos meses (Shear, Kanno-Youngs y Sullivan, 2021).

Inmigracion Estados Unidos

Frontera de Estados Unidos y México. Fuente: Mark Knobil | Licencia Creative Commons

Los ‘Estados Desunidos de América’

Biden ha llegado a estos 100 días con un índice de aprobación del 59%. Este porcentaje lo sitúa como el tercer presidente con un mayor índice de aprobación en los últimos 40 años. Solo superado por Ronald Reagan y Barack Obama, del que fue vicepresidente, aventaja en 20 puntos a su antecesor (Pew Research Center 2021).

A pesar de estos datos, la polarización social e ideológica que padece EE. UU. no ha desaparecido. Esto se debe, en esencia, a que esta división existía antes de Trump, al que se puede considerar como un producto de esta y un elemento que ha ahondado en ella.

Como apunta el pensador Ken Wilber, buena parte de esta fractura reside en que un 60% de los estadounidenses tiene tendencia al lucro y al individualismo o a principios misóginos, racistas, homófobos y de patriotismo excesivo y, por ende, se opone de manera irremediable a un 25% que se ha orientado hacia “el socialismo y la sostenibilidad” (Wilber, 2018).

Si bien ‘unidad’ y ‘juntos’ fueron tras ‘democracia’ las palabras más repetidas por Biden en su discurso de inauguración (The White House’s Briefing Room, 2021), la armonía sigue sin prevalecer.

La polarización hunde sus raíces en el propio estado de desarrollo de la sociedad y, por ello, se puede apuntar que lo único que se ha logrado ha sido adormecerla, pero no hacerla desaparecer.

Asimismo, esta tiene su reflejo en la política. Por el momento, no ha habido indicios de cooperación bipartidista en las grandes iniciativas que se han abordado durante los primeros 100 días de Biden para intentar superar las graves crisis que padece la nación en cuestiones económicas, migratorias o raciales.