Derrumbe institucional en Cuba, la necesidad que llama a la puerta
El estallido de las protestas en Cuba responde al complejo entramado formado por la economía, la política, la sociedad y la geopolítica, cuya alteración ha provocado esta situación de inestabilidad política y tensión social en la isla.
Por Miguel Ángel Melián
3 de agosto de 2021

 Derrumbe institucional en Cuba, la necesidad que llama a la puerta

 

 

Cuba protestas

  Protesta de un manifestante cubano. Fuente: Tony Kazmierski | Licencia Creative Commons

Las revueltas sociales iniciadas en las primeras semanas de julio de este año han situado a la isla de Cuba en las principales portadas internacionales. De esta forma, el país americano vuelve a estar en el foco global de forma negativa. Con un nivel de presión social y gubernamental que no se vislumbraba desde tiempos de la revolución, el pueblo cubano parece querer expresar su descontento con el régimen mediante salidas masivas a las calles.
 
Es necesario recordar un nombre, San Antonio de los Baños, el lugar donde se prendió la mecha del descontento y a partir del cual se dispersó por varias zonas del país. Así, el régimen comunista cubano se ha visto obligado a hacer frente a una situación inusual dentro de sus fronteras, las protestas sociales.
 

Institucionalidad debilitada y alejamiento

El régimen político se ha visto obligado a situarse en los extremos que marcan las líneas del respeto por la libertad ante la primera vez en la historia de Cuba que unas protestas de estas dimensiones se originan fuera de la capital.

Tras las declaraciones del presidente, Miguel Díaz-Canel, en las que hacía un llamamiento a aquellas personas que creyesen en la revolución para que lucharan directamente contra aquellos que salen a las calles a defender sus derechos, las cosas no han hecho nada más que empeorar.

La policía gubernamental y las esfuerzas especiales cubanas se han coordinado con grupos de civiles para patrullar las calles en busca de atemorizar a los manifestantes. Este hecho preocupa bastante al resto de actores internacionales.

El régimen ha sobrevivido tanto a la caída del muro de Berlín como a la de la Unión Soviética, por lo que Cuba siempre ha estado en un contexto de revolución eterna heredada de la Guerra Fría, condicionando su desarrollo y relación con su pueblo.

La evolución seguida con respecto al resto de actores internacionales ha sido bastante dispar. Esto ha obligado a su población a buscar refugio fuera del país, ante un sistema que no es capaz de abastecer sus necesidades y de conseguir el desarrollo deseado.

Las condiciones precarias tanto económicas como políticas, con la incertidumbre de si el hermano de Fidel Castro, Raúl Castro, se retiraría definitivamente para efectuar una posible apertura del sistema, se han incrementado con la COVID-19. El pandemia ha terminado por destruir buena parte de la estructura económica.

Ante esta situación, el plano económico, regidor de la estabilidad estatal y termómetro del bienestar social cubano, es uno de los focos de mayor importancia.

El círculo vicioso de la economía cubana

Desde que se consiguió consolidar la revolución con Fidel Castro a la cabeza, la nación solo ha conocido inseguridad y fluctuación económica. Su economía está condicionada por dos variables esenciales: la idiosincrasia de su sistema político y sus relaciones con el exterior.

De las innumerables crisis económicas sufridas en Cuba, merece una mención especial la iniciada con la caída de la URSS en 1991 y que duró hasta 1994. No obstante, su sistema económico no se pudo recomponer hasta bien entrado 2011. Estos años son conocidos como “período especial” y su consecuencia principal fue el “Maleconazo”, una importante concentración de personas en esta región para protestar por esta situación.

El recrudecimiento del racionamiento, la escasez de productos y el hambre fueron factores que supusieron un duro golpe a la moral cubana. Así como uno de sus reflejos fue la pérdida del 36% del PIB en esos cuatro años de crisis. Cabe añadir que la importancia de esta crisis radica en la generación que nació y creció en este contexto, que ahora es protagonista del actual llamamiento al cambio.

El régimen en sí mismo crea condiciones viciosas de desigualdad económica, de desincentivos a la competencia y de creación de barreras de entrada a las inversiones extranjeras. Estas son singularidades propias de un sistema económico opaco y corrupto, donde no cabe la evolución ni el desarrollo.

Cuando cayó el principal motor económico de la isla, la URSS, el sistema se tambaleó debido a su alta dependencia de los créditos, del comercio y de las ayudas a la industria.

El colapso sufrido en 1990 supuso un antes y un después en la forma en la que la sociedad cubana veía el mundo. Se opusieron a las condiciones inexistentes de libertad económica, al control total sobre la producción nacional y a la destrucción de talento, que los forzaba a estudiar otras vías para poder sobrevivir.

Por otra parte, al bloqueo estadounidense a Cuba, que lleva más de 62 años en vigor, hay que añadir la prohibición de importaciones de otros países del mundo por parte del régimen cubano. Esto ahoga aún más al pueblo por bases ideológicas de escasa aplicabilidad real.

 

Cuba protesta

  Manifestantes cubanos residentes en EE. UU. protestan frente a la Casa Blanca. Fuente: Tony Kazmierski | Licencia Creative Commons

Internet, impulsor del cambio en Cuba

La fuerte institucionalidad autoritaria abarca casi todos los rincones del país. El régimen se ha mantenido a base de represión, autarquía y propaganda contra el exterior. Además, este control interno se caracteriza por el apoyo fiel de las fuerzas armadas y por los mandos políticos, con ausencia de desafíos internos. El blindaje político-militar obtenido a partir de los últimos años está jugando un rol vital en estas protestas. Pero esta situación en pleno siglo XXI es cada vez más difícil de sostener.

Además de la generación criada a partir del “Maleconazo”, fundamental para prender la mecha de estas protestas, la Cuba de 2021 es bastante diferente. La introducción en 2018 de servicios de Internet a los dispositivos individuales del pueblo cubano ha supuesto un gran avance para poder obtener un mayor flujo de información proveniente del exterior. Para ello los cubanos evaden las barreras gubernamentales con el uso de VPN o proxys. La voluntad de luchar contra la propaganda política ha hecho que el acceso a fuentes internacionales sea cada vez más recurrente. Esto influye en su forma de concebir el mundo.

La reciente “revolución” que ha supuesto Internet ha producido un cambio en la concepción de países como EE. UU., lo que es un hito para la sociedad cubana. El principal enemigo histórico ahora es visto como un territorio de oportunidades y de continuo ejemplo para imitar. Así, descubren puntos de vista que no pueden ser censurados por el gobierno de Cuba.

Perdiendo el miedo, frustración sin consuelo

Aparentemente, la llegada de Díaz-Canel iba a suponer un pequeño cambio en cuanto al aumento de libertad y apertura económica, algo que no se produjo. Por ejemplo, el consorcio estatal GAESA, propiedad de las fuerzas armadas cubanas y que alberga una gran cantidad de empresas que van desde puertos hasta hoteles, no ha dejado de crecer desde la llegada del nuevo presidente.

La corrupción y el monopolio lideran la administración del sector por excelencia de la economía cubana, el turismo. Grupo Gaviota, administrado por GAESA, propietario de más de 80 hoteles en Cuba, ha sido un protagonista negativo por estas fechas. El aumento de brotes de COVID-19 en grupos de turistas rusos ha hecho que las cifras de la pandemia en Cuba hayan aumentado en los últimos meses. Con la necesidad extrema de ingresos, el gobierno cubano no ha puesto demasiadas restricciones al país del que más turistas provienen, Rusia. Los principales resultados han sido el aumento de contagios y una población harta de la mala gestión política.

La falta de acceso a los recursos sanitarios y las largas colas para obtener comida, dado que el país únicamente produce un 20% de la demanda nacional, están haciendo que la frustración se propague incluso más rápido que el virus. La necesidad de comprar en el mercado internacional aquellos productos que no puedan ser producidos en territorio cubano obliga al gobierno a recaudar monedas extranjeras (dólares o euros), donde la fuente principal de ingresos de divisas es el turismo.

La escasez de recursos incrementa el desconsuelo y propicia el contexto perfecto para que se den las mayores protestas sociales de la historia de Cuba. En un día se registraron más de 35 manifestaciones simultáneas en toda la isla, algo inaudito para un país comunista y con tal control social.

 

EE. UU. y Rusia, fieles a su rol histórico

Con la llegada de la Administración Biden parecía que las relaciones con Cuba iban a reestructurarse, orientadas hacia una cooperación mayor y un aumento de la ayuda para superar la crisis económica estructural. Sin embargo, Joe Biden ha apostado por continuar en la línea dura que empleó su antecesor, Donald Trump. Esta se aleja bastante de la política exterior llevada a cabo por Barack Obama.

Lejos quedan los tiempos donde EE. UU. mostró su decisión de demostrar su habilidad y su voluntad de ser una potencia internacional. La primera guerra contra una potencia naval se decidió en La Habana en 1898. El por entonces secretario de Estado estadounidense, John Hay, la describió como “pequeña gran guerra”. Este conflicto marcó la historia de EE. UU. y sus relaciones con Cuba. Si bien en sus inicios Cuba tenía una alta dependencia de EE. UU., Cuba apostó a partir de bien entrado el siglo XX por asociarse con el principal antagonista de los estadounidenses, la Unión Soviética.

La caída de la URSS supuso un duro golpe para la estructura económica, social y política cubana. No obstante, las relaciones no se han distorsionado. Rusia siempre ha tenido claro que Cuba es un aliado en su pugna con EE. UU.. Así, Putin ha continuado fortaleciendo los pilares políticos de Cuba, uno de los pocos países del mundo con régimen comunista establecido. Su objetivo es que los estadounidenses sientan su presencia a menos de 145 kilómetros.

La política exterior rusa se distingue en el caso cubano por haberse situado como el principal baluarte de la supervivencia del régimen. Y, en tiempos de pandemia, ha sido el principal apoyo internacional, estableciendo redes de ayudas económicas y sanitarias que han permitido respirar al gobierno cubano.

 

Aires de cambio en Cuba, ¿posibilidad real?

El hecho de que se pueda escapar de las reglas del capitalismo supone un factor alentador para los regímenes autoritarios, pero las leyes de la economía son diferentes. Que el pueblo cubano esté levantándose por múltiples zonas de la isla es un síntoma de agotamiento, enfado y contrariedad a las políticas del régimen. La estabilidad económica de un país rige, mayoritariamente, el resto de las capas sociales, determinando su estabilidad. En este sentido, Cuba ha decidido despertar. La sociedad cubana debe aprovechar el tirón de los medios de comunicación actuales para hacerse oír a lo largo del globo. No dejando pasar la oportunidad de marcar una ruptura con la continuidad alabada por la nomenklatura cubana.

Además, la red de alianzas históricas cubanas parece estar debilitándose. Cuba ya no puede contar con Venezuela, y tampoco puede depender de una economía rusa que se ha resentido con la pandemia, lo que ha obligado al régimen a forzar la maquinaria turística con los resultados vistos. Falta de divisas, escasa financiación internacional, necesidad creciente de importación de alimentos, sanciones internacionales son variables que, entre otras, replantean el escenario cubano en la búsqueda de soluciones alternativas.

El régimen de poder cubano no se ha visto aún lo suficientemente debilitado como para auspiciarse un cambio. Los lazos con el aparato militar siguen siendo bastante fuertes y no tienden a desaparecer. La clave de este proceso de protestas podría estar en las concesiones que el gobierno se verá obligado a dar, ya sea en el ámbito económico o en el social. Lo cierto es que el pueblo cubano tiene algo que decir y, sin duda alguna, está siendo escuchado por el resto del mundo.