Estados Unidos y Corea del Sur: ¿una alianza inquebrantable?
Corea del Sur es uno de los aliados estratégicos de Estados Unidos, pero su cercanía a China y las fisuras tras Trump la ponen en peligro. En este artículo se analiza la relación bilateral Estados Unidos-Corea del Sur bajo la administración Trump y la nueva administración Biden.
Por Susana Matondo
27 de junio de 2021

Estados Unidos y Corea del Sur: ¿una alianza inquebrantable?

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El presidente surcoreano, Moon Jae In. Fuente: Republic of Korea | Licencia Creative Commons

L a piedra angular de la diplomacia asiática en Estados Unidos está formada por tres fuertes vértices: Corea del Sur, Japón y Taiwán. Aun así, Corea del Sur siempre ha tenido un lugar especial en su corazón, pues lo considera su “hijo” nacido de las cenizas de una desgastada guerra en la que los EE. UU. asistió militarmente como potencia principal, y aun hoy en día controla la zona con el auspicio de la ONU.

Según Lee Chang Soon, una historiadora coreanoestadounidense: “Corea del Sur ha estado bajo la correa estadounidense desde que Syngman Rhee voló a Corea en el avión del general Douglas MacArthur para convertirse en el primer presidente de Corea del Sur el 2 de septiembre de 1945”. Corea del Sur es una prioridad geopolítica para Estados Unidos. Los surcoreanos también salen beneficiados de acogerse bajo el paraguas de seguridad de EE. UU., incluso cuando ello les causa problemas con China, como sucedió con el escudo antimisiles THAAD, que produjo boicots y daños económicos a Corea.

La elección de Moon Jae In como presidente abrió una etapa de cambio. Moon se proclamó defensor del acercamiento con Corea del Norte y buscaba una relación más independiente con Estados Unidos. Eso, según la profesora Chang Soon, “ha cambiado de forma fundamental el carácter de la dinámica política en Corea del Sur para los próximos años”. Es decir, los tiempos han cambiado, y Corea del Sur podría estar pasando por una fase de hijo “adolescente” que empieza a rebelarse.

Las incoherencias de Trump

Todo comenzó con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Antepuso el reducir costes militares permanentes en el extranjero a cultivar alianzas e influencias, por antiguas que fueran. Así, después de que en 2018 expirara el acuerdo con Corea del Sur (KORUS) que llevaba en vigor desde 2012, Trump, que lo calificó de “acuerdo mata empleos”, endureció las condiciones de la renegociación. Fijó aranceles a lavadoras y paneles solares y aumentó de 25.000 a 50.000 el número máximo de coches libres de revisión exportados, aunque en realidad ya por aquel entonces no cumplían números.

Aunque es una incongruencia presionar así a Corea del Sur ya que a Trump no le interesaba perder ante la influencia de China, estas medidas no fueron las que más ampollas levantaron, sino la renegociación del mantenimiento de los soldados norteamericanos. Aproximadamente 28.500 soldados americanos están destinados en Corea del Sur. Estados Unidos corre con los costes de despliegue salvo suministros y derechos de paso. No obstante, Trump quiso que los surcoreanos aportaran 5.000 millones de dólares de mantenimiento en vez de los 850 millones que venían pagando. Un aumento de casi un 600%. Trump incluso amenazó con la retirada de sus tropas (lo que hubiera hecho felices a China y Corea del Norte). Finalmente, no se alcanzó un acuerdo hasta la llegada de Joe Biden. Seúl, que necesita una presencia norteamericana sólida, aumentará un 13,9% la inversión, con unos 1.035 millones de dólares anuales.

En el comunicado del acuerdo se menciona que este ha servido para que ambos socios reafirmen su sólida alianza como eje de paz y prosperidad en el noreste de Asia. Además, Moon Jae In ha expresado en más de una ocasión que está satisfecho con la elección de Biden después de las tiranteces con la administración anterior.

Los planes de Biden

Al contrario que Trump, Biden quiere recuperar la Pax Americana y reforzar sus alianzas y poder internacional: “América no puede permitirse estar ausente por más tiempo en el panorama internacional” (Joe Biden, 2020). Por eso no es un secreto que al nuevo líder norteamericano le interesa crear una alianza democrática contra China, en la que, por supuesto, Corea del sur está incluida.

Según el analista político y experto en relaciones internacionales Tom Fowdy, “la cumbre entre los presidentes de EE. UU. y Corea del Sur de mayo de 2021 fue un punto de inflexión, porque marcó el inicio formal de los intentos de Washington de incluir a Seúl en una alianza contra el gigante asiático”. No obstante, ¿está el país peninsular por la labor de inclinarse tanto en la balanza?

Como gesto de buena voluntad, Biden anunció que levantaría las restricciones de los misiles balísticos surcoreanos, permitiéndoles mayor carga y alcance. A cambio, Estados Unidos busca una lealtad y compromiso absolutos por parte de Corea del Sur. Sin embargo, la confianza de los coreanos se vio minada durante la “Era Trump”, y eso ha tenido repercusiones.

El presidente del departamento de estudios de Corea del Norte en la Universidad de Corea, Nam Sung Wook, dijo al respecto que la presión de Donald Trump en costo de defensa conducirá al antiamericanismo en el futuro, aunque dada la diferencia de nivel entre EE. UU. y Corea del Sur, “no es razonable pensar que las relaciones están cerca de una ruptura”.

¿Cuál sería entonces la opción más lógica para Moon? Es de esperar que la administración surcoreana se plantee si apostar todas las cartas a EE. UU. es un error, incluso después de la entrada de Joe Biden, y quizá sea más prudente mantener una equidistancia entre superpotencias.

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China al acecho

Es en este contexto donde entra China. Observando la situación geopolítica que rodea la rivalidad entre Estados Unidos y el gigante asiático, puede decirse que la posición encontrada de Corea del Sur era cuestión de tiempo, y que lo único que hizo Donald Trump fue acelerar esa posición equidistante que estaba abocada a suceder. Durante este tiempo, EE. UU. ha sido sin duda el socio más importante de Corea del Sur. Sin embargo, hay indicios de que Pekín está intentando apartar al gobierno de centroizquierda de Moon Jae In de su alianza con EE. UU.

Comercial y económicamente su relación con China tiene mayor potencial. No obstante, con el programa nuclear de Corea del Norte en funcionamiento no le conviene desatender sus relaciones militares y geoestratégicas con Estados Unidos. Así, Seúl tiene que equilibrar su bienestar económico y financiero con su alianza de seguridad con los americanos.

China, consciente de estos recelos y desacuerdos, ha aprovechado para ofrecerse a Corea del Sur como un aliado bilateral fuerte y seguro. Rah Jong Yil, exdiplomático surcoreano, contó en una entrevista en Deustche Welle que China ha identificado a Corea del Sur como un eslabón débil en la alianza de EE. UU. en el noreste de Asia. Sin duda, quiere que Corea del Sur esté más alineada con ella, y puede utilizar su influencia sobre Corea del Norte como elemento de disuasión.

Sin embargo, China no lo va a tener tan fácil. La administración Moon puede estar descontenta con EE. UU. en ciertas cuestiones, pero la alianza militar sigue siendo clave en las relaciones internacionales de Corea del Sur, “además, es una democracia liberal y eso es incompatible con China. No queremos enemistarnos con China ni quedar mal con ellos por los lazos económicos, pero seguimos confiando más en EE. UU.», afirmó Rah.

¿Qué posición adoptará Corea del Sur?

Lo cierto es que en Corea del Sur hay una fuerte aversión a ser forzados a esa posición intermedia entre superpotencias. Aunque el acercamiento a China es innegable, Seúl sigue desconfiando de sus intenciones. Con el suceso del THAAD, los surcoreanos han probado en sus propias carnes la cara amarga de la fuerza económica de China, que incluso prohibió a sus nacionales ir a Corea después de que Estados Unidos desplegara el sistema antimisiles.

No obstante, la administración Moon tampoco quiere alinearse con un bloque manifiestamente contrario a China, pues ya ha expresado su escepticismo ante unirse al Quad, una alianza (EE. UU., Japón, Australia e India) mal tildada como “OTAN anti-China”, cuyos objetivos descansan en un orden basado en el Derecho Internacional y una región Asia-Pacífico libre, abierta e inclusiva.

Un alto funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores dijo que Seúl estaba abierto a trabajar con ellos siempre y cuando la alianza se basara en la «apertura, la transparencia y la inclusión», y dejó claro que el gobierno surcoreano no participaría en una iniciativa que excluya a un país en particular, refiriéndose indirectamente a China.

La resurrección del Quad (formado en 2007, pero prácticamente inactivo hasta 2017) parece, por un lado, una buena baza para que la Administración Biden recupere la influencia que ya buscó Obama en la región Asia-Pacífico con el fallido TPP. Por otro lado, podría costarle la confianza de Corea del Sur, pues su deseo de llevarse bien con ambas superpotencias es compartido en todo el país.

El Quad, ¿una alternativa viable?

Moon también sabe que podría obtener ventajas de unirse a la alianza. Le otorgaría mayor influencia para impulsar las conversaciones con Corea del Norte, aunque se arriesgaría a causar cierta incomodidad en las relaciones bilaterales con China. La pregunta que debe hacerse la administración Moon es: ¿merece la pena intentarlo? ¿Podría ser el Quad una vía de acercamiento a Corea del Norte y China? ¿O sería más bien contraproducente?

Cualquier movimiento que amenace la influencia china en su propio territorio tendrá consecuencias, por lo que a Corea del Sur no le conviene provocar a Xi Jinping. Por otra parte, para Estados Unidos es contraproducente que su socio coreano se incline hacia China, por lo que no puede ponerlos una segunda vez contra las cuerdas como hizo Donald Trump. Así, Moon Jae In debería mantenerse en la equidistancia.

No hay que olvidar que Moon saldrá de la administración el año que viene. Si lo sucede un gobierno conservador, la opción de unirse al Quad será más que atractiva. Habrá que esperar a ver qué decide el elemento clave de este triángulo poco amoroso.