Finlandia, entre Rusia y la OTAN
Durante la mayor parte de su historia, Finlandia ha sido un país neutral, lo que explica por qué no ha ingresado en la OTAN. No obstante, al formar parte de la Unión Europea (UE), y la cada vez más agresiva política de Rusia, parece que la neutralidad ha tenido que desaparecer de su discurso oficial.
Por Daniel Laiz
22 de abril de 2021

FINLANDIA, ENTRE RUSIA Y LA OTAN

La encrucijada de la neutralidad finlandesa

 

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Reunión de la junta en la Estate House el 31 de marzo de 2021. Fuente: Finnish Government | Licencia Creative Commons

La política exterior de Finlandia está determinada por su historia y su geografía. Desde su independencia, en 1917, el Estado nórdico ha sido objeto de los intereses de las potencias europeas, especialmente de la extinta Unión Soviética. Esto ha provocado que, durante el siglo pasado, Finlandia definiera una política de defensa basada en la neutralidad, lo que explica por qué no ha ingresado de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). No obstante, al formar parte de la Unión Europea (UE), la neutralidad ha tenido que desaparecer del discurso oficial, convirtiéndose, por decisión propia, en un Estado militarmente no alineado (Finland Prime Minister’s Office, 2016).

¿Por qué Finlandia no está en la OTAN?

La respuesta está en su historia. En primer lugar, hay que dejar claro que el devenir de Finlandia no puede entenderse sin Suecia, pues formó parte del Reino sueco durante más de seis siglos. Tal es la influencia que ejercieron los suecos sobre los finlandeses, que su Constitución reconoce el sueco como lengua nacional del Estado, al mismo nivel que el finés. Sin embargo, en 1809, el Reino de Suecia cedió Finlandia a Rusia mediante el Tratado de Fredrikshamn, que marcó el final de varios años de guerras entre suecos y rusos por la hegemonía sobre el Mar Báltico. De esta forma, Finlandia se convirtió en el Gran Ducado ruso de Finlandia hasta que declaró su independencia el 6 de diciembre de 1917. Esta declaración no provocó ningún conflicto con Rusia, en donde había triunfado la Revolución bolchevique; de hecho, Lenin fue el primer líder mundial en reconocer dicha independencia.

Tras unos años de tensión, a causa del respaldo soviético a la rebelión socialista en Finlandia, en la década de los veinte las relaciones con la URSS se destensaron con la firma del Tratado de Tartu en 1920 y de un Tratado de no Agresión. Posteriormente, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, nos encontramos con la invasión alemana de Polonia en septiembre de 1939, a la que siguió la declaración de guerra contra Alemania por parte de Francia y Gran Bretaña.

El acercamiento a la Alemania Nazi

No obstante, Finlandia se declaró neutral, a pesar de la enorme presión ejercida por Stalin. Esta neutralidad se respetó hasta noviembre de 1939, cuando la URSS atacó a Finlandia como resultado del Pacto Molotov-Ribbentrop, entre soviéticos y alemanes. Se trataba de un pacto de no agresión, que contenía cláusulas secretas por las cuales Finlandia quedaba bajo el influjo soviético. Después de verse obligada a firmar la paz con la URSS en marzo de 1940, se observa un sorprendente giro en la política exterior de Finlandia provocado, en parte, por la sensación de injusticia que existía en la sociedad finlandesa tras la guerra que la había enfrentado con Rusia.

De este modo, Finlandia decidió comenzar un tímido acercamiento con Alemania —la cual también había mostrado interés en el país— en 1941 para intentar recuperar el territorio que había cedido, el cual suponía una décima parte de su territorio. A pesar de esta nueva relación, Finlandia nunca «participó activamente» en ninguna batalla.

Hitler y Risto Ryti durante la segunda guerra mundial

Adolf Hitler visita a Mannerheim, acompañado por el presidente de Finlandia, Risto Ryti. Fuente: Jared Enos | Licencia Creative Commons

Vuelta a la neutralidad e ingreso en la UE

El 6 de abril de 1948, Finlandia y la URSS firmaron el Tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia, por el que Finlandia volvió a su política de neutralidad total, impidiendo que su territorio se utilizara con el fin de llevar a cabo ataques a la URSS. Como menciona el historiador Matti Klinge, este tratado, más que un acuerdo, «era una declaración de principios», pues en el mismo preámbulo se puede leer que Finlandia manifestaba su intención de mantenerse fuera de los conflictos entre grandes potencias (Klinge, 1997).

Finlandia ingresó en la UE en 1995, con Suecia y Austria, Estados que tampoco forman parte de la OTAN

Todos estos acontecimientos históricos han cristalizado en una política de seguridad particular tendente a la autonomía, pero con matices. No hay que obviar que Finlandia ingresó en la UE en 1995, con Suecia y Austria, Estados que tampoco forman parte de la OTAN, y que en 2007 ratificó el Tratado de Lisboa. Según este, la antigua Política Europea de Seguridad y de Defensa fue sustituida por la Política Común de Seguridad y Defensa (PSCD), lo que provocó un cambio trascendental en las políticas de este bloque supranacional en materia de defensa y seguridad, pudiendo destacar lo dispuesto en el artículo 42 del Tratado de la Unión Europea: «Si un Estado miembro es objeto de una agresión armada en su territorio, los demás Estados miembros le deberán ayuda y asistencia con todos los medios a su alcance, de conformidad con el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas».

OTAN, de entrada, no

 Por todo ello, la pertenencia a la UE es vista por Finlandia como el fin de su política de neutralidad y el comienzo de una política basada en la no alineación militar. Asimismo, a pesar de no ser un Estado aliado, Finlandia, al igual que Suecia, ha entablado estrechas relaciones con la Alianza Atlántica. Por ejemplo, forma parte delPartnership for Peace (PfP), un programa creado en 1994 con el objetivo de establecer vínculos con Estados terceros que favorezcan la seguridad internacional.

Por otro lado, Finlandia ha llegado a participar en las operaciones de mantenimiento de la paz de la OTAN en Bosnia-Herzegovina y Kosovo (Palosaari, 2013). Así pues, como mencionan Keir Giles y Susanna Eskola (2014), Finlandia reúne todos los requisitos formales para ser miembro de la OTAN. No obstante, el último paso que queda por darse es la determinación de Finlandia respecto a este asunto. En este respecto, es importante mencionar que sus habitantes no apoyan el ingreso en la Alianza Atlántica (YLE, 2019).

Un país en armas

Debido a su problemática historia, la defensa nacional constituye uno de los pilares elementales de la política finlandesa. Al definirse como un Estado no alineado, su política de seguridad y defensa se basa, principalmente, en las capacidades nacionales y en la defensa territorial (Vanhanen, 2021). Según lo dispuesto en el artículo 127 de la Constitución de Finlandia, el servicio militar es obligatorio, salvo contadas excepciones. Esto supone que esta nación cuenta con una reserva entrenada para la defensa nacional y una gran disposición de sus ciudadanos a defender su patria, pues el hecho de que su sociedad rechace las alianzas militares no conlleva la existencia de una conciencia de autodefensa.

Precisamente, varios estudios demuestran que nos encontramos ante una población que concede una enorme importancia a la defensa. Por mencionar unos ejemplos, un 77% de sus habitantes está a favor de mantener el sistema actual de servicio militar obligatorio y la dotación actual de las Fuerzas de Defensa de Finlandia — que es la segunda institución más valorada entre los finlandeses, por detrás de la policía— es de 280.000 soldados (Vanhanen, 2021). Finlandia tiene poco más de 5 millones de habitantes, por lo que estamos hablando de un número considerable de efectivos.

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Boeing 707. OTAN – NATO. 2018. Fuente: Lutz Blohm | Licencia Creative Commons

La encrucijada finlandesa

Finalmente, habría que preguntarse qué supondría el ingreso en la OTAN de Finlandia. La influencia que ha ejercido Rusia a la hora de afrontar esta cuestión es evidente. Si a esto se le añade el factor geográfico — la frontera de Finlandia con Rusia tiene una extensión de más de 1.000 kilómetros— podría entenderse por qué esta república nórdica se encuentra en una encrucijada a la hora de definir su política de defensa, a pesar de que se muestre que la determinación de no integrarse en la OTAN es una decisión tomada sin tener en cuenta el factor de su vecindad con Rusia.

Lo cierto es que, desde Finlandia, se mira con mucha atención todos los movimientos llevados a cabo por el Kremlin, con el que se intenta mantener una relación lo más cordial posible. Hechos como los acaecidos en Georgia y Ucrania, así como las numerosas declaraciones de Rusia que ponen en entredicho los valores y principios europeos y, por ende, occidentales, explican este temor dentro de las fronteras finlandesas. No podemos olvidar que la Alianza Atlántica es vista por Rusia como un adversario. De esta manera, un eventual ingreso de Finlandia en esta sería visto como una amenaza a los intereses y seguridad rusos. Así pues, la desconfianza mutua entre occidente y Rusia ha creado una situación de tensión en la que la neutralidad es una obligación impuesta desde fuera, y no por decisión propia.

Un país en la frontera

Asimismo, hay que tener en cuenta que las tres repúblicas bálticas, Estonia, Letonia y Lituania, hacen frontera con Rusia, pero apenas están rodeadas de Estados integrantes de la OTAN: solamente Lituania tiene una frontera de 91 kilómetros con Polonia. Esta disposición geográfica supone una enorme complejidad a la hora de idear una defensa de estos tres Estados que, a pesar de todo, siguen viviendo con miedo de Rusia. En caso de conflicto, las fuerzas aéreas de la OTAN serían los primeros activos capaces de apoyar y proteger a los Estados bálticos, en virtud del principio de defensa colectiva consagrado en el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte. Las fuerzas terrestres tendrían que ser transportadas por aire o por mar a la zona. Por tanto, el ingreso de Finlandia —y también de Suecia— permitiría la elaboración de una estrategia de defensa más eficaz.

En definitiva, podemos afirmar que Finlandia ha sabido conjugar su buena relación con Rusia con su membresía en la UE y la colaboración con la OTAN. No obstante, debido a los últimos acontecimientos en la esfera internacional —especialmente, los concernientes a Rusia— se ha vuelto a abrir el debate sobre un eventual ingreso en la OTAN en el seno del debate político de la sociedad finlandesa, donde, sin embargo, los reticentes a la Alianza Atlántica siguen siendo mayoría. Por ende, cualquier decisión en firme sobre este asunto sigue siendo, hoy en día, improbable, más aún si se tiene en cuenta la necesidad de focalizar los esfuerzos en la lucha contra la pandemia y que quedan dos años para las próximas elecciones parlamentarias y tres años para las presidenciales.