Irán en América Latina: ¿una brecha en el continente?
Irán está desarrollando una estrategia de penetración en los países latinoamericanos en la que divergen los intereses políticos y económicos.
Por Belén Juliá
18 de agosto de 2021

 Irán en América Latina: ¿una brecha en el continente?

 

 

Irán Lationamerica

  Una bandera iraní ondea en el Tehran Waterfall Park. Fuente: Ninara | Licencia Creative Commons

Pocos días después de la muerte del comandante iraní Qasem Soleimani en un ataque estadounidense en Bagdad, y en medio de la consecuente escalada de tensión entre ambos países, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, aseguró que mantendría las relaciones comerciales con Irán.
 

Las relaciones comerciales de Irán en América Latina

 
Pese a su alineación con Washington ante la muerte del líder de la Fuerza Quds, Brasil es el principal socio comercial de Irán en América Latina. Sus intercambios son muy superiores a los que la República Islámica mantiene con sus aliados políticos de la Alianza Bolivariana para América (ALBA). El valor de las exportaciones de Brasil a Irán en 2016 alcanzó los 2.230 millones de dólares. Mientras, el valor de las exportaciones de Venezuela a Irán durante ese año no superó los 359.000 dólares.
 
Este hecho pone de relieve las complejas relaciones de Irán con los países latinoamericanos y el desarrollo de una penetración estratégica en la región, en la que divergen los intereses políticos y económicos: “Es paradójico […]. Los iraníes tienen un modelo muy cartesiano de medir sus relaciones estratégicas: se acostumbraron en las últimas cuatro décadas a tratar con países cuya diplomacia es ambivalente, amigo y enemigo al mismo tiempo”, declara Hussein Kalout, investigador en el Centro de Estudios de Oriente Medio de la Universidad de Harvard.
 
Más paradójicos resultan los flujos comerciales con Argentina, el primer país de América Latina que, veinticinco años después del atentado contra la AMIA —i.e., la sede de la mutual israelita en Buenos Aires— declaró a Hezbolá una organización terrorista. El acercamiento de los dos países en materia comercial adquirió una gran importancia cuando las exportaciones de Argentina a Irán pasaron de 4 millones de dólares en el 2006 a 1.450 millones en el 2010. Argentina se convirtió en uno de sus principales proveedores de alimentos. Productos agrícolas como el trigo o la soja resultaron más atractivos que el petróleo venezolano para la República Islámica.
 
 

La Triple Frontera, una puerta al terror

Las perspectivas estratégicas de Irán en América Latina no solo se ven reflejadas en las alianzas económicas mencionadas, sino también en la presencia de miembros de Hezbolá en zonas como la Triple Frontera, un trifinio situado en la intersección de Argentina, Brasil y Paraguay.

Prueba de ello es el arresto en 2018 de Assad Ahmad Barakat, líder de la red financiera de Hezbolá y uno de los hombres más buscados por Estados Unidos desde el 11-S. Por un lado, las fuerzas de seguridad paraguayas lo vinculaban con la financiación del ataque a la AMIA de 1994. Por otro, la policía de Argentina acusaba al libanés de haber lavado 10 millones de dólares en la zona fronteriza.

“La red de Asad Ahmad Barakat en la triple frontera es una gran arteria financiera para Hezbolá”, afirma el ex secretario del Departamento del Tesoro de EE. UU., Adam Szubin.

La detención de Barakat ilustra el gran valor estratégico de la Triple Frontera, que cuenta con una de las reservas de agua potable más importantes del mundo —el Acuífero Guaraní— y cuya condición de trifinio permitiría el rápido desplazamiento de efectivos de un país a otro. Además, la Triple Frontera es considerada una puerta de entrada a actividades ilícitas como el lavado de dinero, el tráfico de drogas y el contrabando. En esta área la agencia brasileña Receita Federal incautó 76 millones de dólares en drogas, armas y municiones durante 2008, 400 millones en 2009 y más de 716 millones en 2010.

La Triple frontera es considerada un punto central de las operaciones de Hezbolá y del crimen organizado en el hemisferio sur. Argentina, Brasil y Paraguay han creado, de la mano de Estados Unidos, un grupo de coordinación antiterrorista para vigilar las actividades de la organización libanesa en la región.

 

Irán

  El expresidente iraní Mahmoud Ahmadinejad . Fuente: Parmida Rahimi | Licencia Creative Commons

 
El ALBA, una apuesta segura para Irán

Mientras que Brasil defendió el ataque estadounidense a Soleimani, países como Venezuela, Nicaragua o Cuba lo consideraron una auténtica declaración de guerra. Por un lado, Venezuela alegó que se trataba de un ataque traicionero y que, pese a las agresiones, sus relaciones con Irán seguirían floreciendo. Nicaragua, por su parte, lo calificó como un acto de terrorismo internacional y como una violación de la soberanía de Irak por Estados Unidos. En tercer lugar, el ministro de Relaciones Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, condenó el bombardeo y el uso de misiles para el asesinato selectivo, por considerarlo “una grave escalada en la región de Oriente Medio, donde puede estallar un conflicto con incalculables consecuencias para la paz y la seguridad internacional”.

En cierta medida, el acto perpetrado por Estados Unidos destapó las alianzas estratégicas de Irán con el bloque de las naciones del ALBA. Estas relaciones aumentaron considerablemente durante la presidencia de Mahmoud Ahmadinejad. En ese período se incrementaron los viajes oficiales, se abrieron embajadas en la región y se impulsaron varios proyectos de cooperación. Desde el 2007 se abrieron las embajadas de Uruguay, Nicaragua, Chile, Colombia, Ecuador y Bolivia. De esta forma, Irán se convirtió en el segundo país de Oriente Medio con la mayor cantidad de personal diplomático en América Latina.

 

Apoyo diplomático y político

No obstante, entre Irán y los países del ALBA los vínculos económicos son muy débiles, si se comparan con los flujos comerciales que la República Islámica mantiene con otros países latinoamericanos. Según el Centro para el Desarrollo Internacional (CID) de la Universidad de Harvard, el intercambio comercial entre Venezuela e Irán fue de 892.000 dólares en 2016. Mientras, con Argentina, Brasil y Uruguay se alcanzaron los 451 millones, 2.560 millones y 164 millones, respectivamente.

Si los países de la Alianza Bolivariana no son socios comerciales significativos de Irán, si tampoco hay lazos religiosos o culturales entre ambas poblaciones, y si ni siquiera existen vínculos lingüísticos, cabría preguntarse por qué se manifiesta esta relación o, más específicamente, ¿qué obtiene Irán del ALBA?

Además del apoyo político y diplomático recibido, cabría mencionar el caso del libanés Ayman Joumaa, que creó una red de lavado de dinero para mover grandes cantidades de cocaína desde América Latina hasta Oriente Medio y recaudar, de esta forma, decenas de millones de dólares para la financiación de la organización.

Asimismo, sería pertinente recordar algunos intentos de ataque de Hezbolá planificados en Latinoamérica: la tentativa frustrada de asesinar al embajador de Arabia Saudí en Washington D. C. o el intento de piratería informática por el embajador iraní en México. Más recientemente, se ha conocido la presencia de importantes colaboradores de Hezbolá en Venezuela, como Ghazi Nasr al-Din, el principal nexo entre el país latinoamericano y la organización islámica.

 

El futuro de Irán en el nuevo orden mundial

En la actual configuración de las relaciones internacionales se hace referencia a un cambio de paradigma. Se alude a un nuevo orden caracterizado por un multipolarismo “basado en el nacionalismo, el proteccionismo y la tensión entre países y bloques de países”. Tal vez, la estratégica entrada de Irán en América Latina en busca de aliados políticos y socios comerciales sea un elemento fundamental en este nuevo orden internacional desarbolado.

La evolución hacia una situación más impredecible, desde el punto de vista geoestratégico, puede verse en las paradójicas relaciones con las que la República Islámica busca mitigar el aislamiento internacional promovido por el desarrollo de su programa nuclear.

Irán parece tener clara su misión en la región: fomentar la aproximación entre los pueblos de Irán, el hispanoamericano y los de Medio Oriente, acompañada de la necesidad de acercar a todos los pueblos de América Latina.