Lenguas minorizadas y política internacional en Iberoamérica
En 2018 el director cinematográfico Alfonso Cuarón mostró al mundo su película de drama social Roma. El largometraje se inspiraba en su propia infancia en el México de los años 70 y en sus rudas desigualdades socioeconómicas. No obstante, de manera menos manifiesta también recogía la situación subsidiaria de las lenguas indígenas de América.
Por Andrés Suau
21 de mayo de 2021

Lenguas minorizadas y política internacional en Iberoamérica

Reflexiones sobre la Comunidad Iberoamericana de Naciones

Lengua quechua

 Calle en quechua y español. Fuente: F Delventhal

E n 2018, el director cinematográfico Alfonso Cuarón mostró al mundo su película de drama social Roma. El largometraje se inspiraba en su propia infancia en el México de los años 70, y en las rudas desigualdades socioeconómicas. No obstante, de manera menos manifiesta, también recogía la situación subsidiaria de las lenguas indígenas de América.
 
A través de los personajes de las criadas, las cuales ven sus diálogos salpicados con idioma mixteco, Cuarón hace patente la situación sociolingüística que sufren estas lenguas minorizadas, su marginación y falta de prestigio social. Esto se debe a un contexto estructural de diglosia, entendida como “situación en la que coexisten dos lenguas en una comunidad de hablantes, de tal forma que, por gozar una de ellas de mayor prestigio social que la otra, se emplean en ámbitos o circunstancias diferentes” (DLE).
 

Amenaza, menosprecio y pérdida de conocimiento

Así, Cleo, la criada indígena protagonista de esta obra, y los idiomas minorizados, coinciden en varios aspectos. Ambas, a pesar de sus condiciones sociales subalternas, juegan un papel tan fundamental como menospreciado por las diferentes naciones iberoamericanas.

La amenaza de extinción a la que se enfrentan los idiomas minorizados es una realidad. En esta situación se encuentran el mixteco, el aragonés, el mapudungún o el guaraní, entre incontables otros más. Su desaparición comportaría la pérdida irrevocable de todo un acervo cultural y un sinfín de identidades y tradiciones que operan como impulsoras del tejido asociativo en muchas comunidades.

De acuerdo con el Banco Mundial en su informe Latinoamérica Indígena del siglo XXI, la extinción de estas lenguas comportaría la pérdida de “un conjunto de conocimientos ambientales, tecnológicos, sociales, económicos o culturales” que sus hablantes “han acumulado y codificado a lo largo de milenios”. De esta forma, se detalla como los conocimientos etnobotánicos asociados a lenguas indígenas aportaron a la medicina la quinina, el primer tratamiento contra la malaria.

Desprotección y ausencia en la agenda política

Siguiendo el informe del Banco Mundial, en América Latina y el Caribe se hablan aproximadamente 560 idiomas indígenas. De estos,103 son transfronterizos como, por ejemplo, el quechua, que se habla en siete países distintos o el aimara, presente en cuatro. ¿Qué quiere decir esto para la región? Estas lenguas son un factor vertebrador e integrador en las relaciones interregionales tanto dentro de un mismo país como en el exterior. A pesar de ello, la ausencia de un reconocimiento legal y eficaz, de una adecuada educación y puesta en valor y de una agenda política que busque aliviar las desigualdades sociolingüísticas ha conllevado su falta de aprovechamiento.

El 26% de las lenguas indígenas de América Latina y el Caribe están en riesgo de desaparición. Asimismo, una quinta parte de las poblaciones amerindias ha perdido su idioma nativo en las últimas décadas y menos del 2% de los indígenas se expresa en su propia lengua tras cursar la educación superior.

Frente a esta realidad chocante, resulta obligado detenerse a examinar la realidad de su trato. Su especial papel en la integración regional iberoamericana y el marcado carácter transfronterizo de la coyuntura sociolingüística invitan a la reflexión sobre el rol desempeñado por las organizaciones internacionales regionales en su protección. Para ello hay que prestar atención a las políticas nacionales y a la actuación de la Comunidad Iberoamericana de Naciones (CIN).

lenguas iberoamerica

Reunión de líderes iberoamericanos. Fuente: Cancillería de Ecuador | Licencia Creative Commons

Políticas nacionales en el espacio iberoamericano

Las políticas nacionales de cada estado miembro en materia de protección de las lenguas minorizadas son diversas. Su presencia o ausencia varía en función del país, aunque puede distinguirse una tendencia hacia un mayor reconocimiento. En esta línea, cabe destacar la oficialidad del guaraní en Paraguay, Bolivia y la provincia de Corrientes (Argentina). La creación en 2012 de la Academia de Lengua Guaraní en Paraguay (Ava Ñe’e Rerekuá Pave) fue un hito histórico al ser la primera de su tipo en América. Hoy el guaraní es entendido por el 95% de la población paraguaya (Ministerio de Trabajo español, 2011).

Por otro lado, el aimara también es considerado lengua oficial constitucionalmente en Bolivia (2009) y en Perú (1993). Del mismo modo, hay similares alusiones a la protección de las lenguas minorizadas en el Artículo 2º de la Constitución de México, el 10º en la colombiana o el 3º en la española. Esta tendencia de protección lingüística por medio del derecho primario se encuentra por todo el espacio iberoamericano. Sin embargo, si se atiende a la actividad normativa más allá de la Constitución, se esclarece el verdadero desamparo que subyace. La voluntad política mostrada en el caso paraguayo no es representativa de la comunidad iberoamericana en su conjunto, sino una excepción, debida al contexto histórico del país, que nunca relegó del todo a la comunidad guaraní y, por ende, pudo mantener cierto estatus social, junto con su lengua.

Lengua y poder económico

Un caso paradigmático de esto puede encontrarse en España, donde las comunidades lingüísticas periféricas que igualmente mantienen un cierto poder político y socioeconómico (Cataluña y País Vasco), sí han logrado legislar positivamente sobre las garantías lingüísticas erga omnes de la Constitución. Mientras, otras comunidades menos favorecidas en este sentido (Aragón o el Principado de Asturias) viven una situación sociolingüística muy diferente.

Por ende, el fenómeno presenciado en América Latina y el Caribe no debería sorprender. Las comunidades precolombinas suelen encontrarse en contextos socioeconómicos desfavorables. Representan el 8% de la población de América Latina, pero también constituyen aproximadamente el 14% de los pobres y el 17% de los extremadamente pobres de la región (Freire, 2015). Un ejemplo claro de esta problemática lo encontramos en la creación de la Academia Mayor de la Lengua Quechua en Perú en 1990. Los estatutos de dicha academia no se aprobaron hasta 2009. Además, un año después sus integrantes iniciaron una huelga de hambre, porque no se les concedía ninguna asignación presupuestaria (El Comercio, 2010).

En definitiva, nos encontramos en una situación en la que el derecho primario establece garantías en principio, que resultan no ser eficaces por falta de un desarrollo legislativo secundario. Como suele ser el caso, ante la inacción nacional se debe dirigir la mirada a la esfera internacional.

Elemento constitutivo

“Reconocemos que este propósito de convergencia se sustenta no sólo en un acervo cultural común sino, asimismo, en la riqueza de nuestros orígenes y de su expresión plural”

                                        Punto tercero del Preámbulo a la Declaración de Guadalajara (1991)

La cita superior se encuentra plasmada en la Declaración de Guadalajara, el texto primigenio de la Comunidad Iberoamericana de Naciones, suscrita en México entre el 18 y 19 de junio de 1991. Este punto debe entenderse como una declaración de intenciones, en la que se reconoce la pluralidad cultural intrínseca a la organización internacional. Si bien estructuralmente se conforma con más de dos idiomas oficiales (castellano y portugués), sus estados miembros comprenden cientos de idiomas minoritarios. Muchos de ellos están en peligro de extinción de acuerdo con la UNESCO.

Es precisamente a colación de la actuación de la UNESCO, específicamente la Declaración sobre la Diversidad Cultural (2001) y la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales (2005), que se firma en la XVI Cumbre Iberoamericana, celebrada en Montevideo el año 2006, la Carta Cultural Iberoamericana. Así, se creó un marco de referencia para el proceso de protección a las lenguas minorizadas en el espacio iberoamericano.

Avances en la protección de las lenguas minorizadas

La Carta Cultural Iberoamericana fue publicada en español, catalán, portugués, euskera, gallego, aimara, quechua, quechua ayacucho, guaraní, inglés, francés y árabe. Llama la atención la pluralidad de idiomas representados, lo que marca claramente la intencionalidad. Asimismo, uno de los Principios plasmados en la Carta es el de “responsabilidad de los Estados en el diseño y en la aplicación de políticas culturales”. El mismo texto explica que los Estados deben aplicar “políticas de protección y promoción de la diversidad y del patrimonio cultural”.

Esta Carta ni es, ni aspira a ser el cúlmen de la acción iberoamericana en materia de protección de idiomas minorizados. Su lenguaje es, en ocasiones, poco preciso en cuanto a compromisos, debido a su naturaleza como declaración política y no como texto jurídico. De todas maneras, representa indudablemente el punto de partida sobre el que construir un entramado político-jurídico internacional que sea capaz de poner en marcha mecanismos de garantía eficaces y adecuados, en torno al multilateralismo que caracteriza a la CIN.

En esta línea, la X Conferencia Iberoamericana de Cultura, celebrada en Valparaíso el año 2007, aprobó el Plan de Acción de la Carta Cultural. En él que se habla de “elaborar un documento de propuestas y medidas básicas para desarrollar la Carta”, lo cual parece indicar que el camino no está andado, pero sí pavimentado. La mera voluntad de desarrollar más y mejores herramientas legislativas no es suficiente, pero sí es causa para un optimismo crítico.

Lengua como eje vertebrador

Es fácil dilucidar un abanico de fallas en las políticas nacionales de protección a las lenguas minorizadas entre los miembros del espacio iberoamericano. Sin embargo, la cooperación multinivel y multilateral tiene la posibilidad, y la encomienda, de suplirlas y de expandir las garantías de defensa lingüística, en dirección tanto horizontal como vertical, consolidando así la tendencia encetada a finales del siglo pasado.

Para este fin, la CIN tiene un vasto potencial por ser un proyecto armonizador de las normativas nacionales y de cooperación para la formación de acuerdos internacionales. Le corresponde, por sus propios compromisos, la puesta en marcha de normativas, acuerdos y tratados que revaloricen los idiomas minorizados del espacio iberoamericano. La Carta Cultural y la inspiración que pueden encontrar en acuerdos internacionales como, por ejemplo, la Carta Europea de las Lenguas Minoritarias o Regionales, son sus mejores herramientas.

Un mayor compromiso podría materializarse mediante acuerdos jurídicos que establezcan obligaciones internacionales, pero también con medidas que busquen combatir la diglosia en el seno mismo de la CIN.

Podrían materializarse mediante reglamentos de funcionamiento interno que incentivasen el conocimiento de lenguas minorizadas. Se justificaría en base a la función social de facilitar la comunicación con las distintas comunidades y por la naturaleza transfronteriza de muchos de estos idiomas. Por ejemplo, el catalán se habla en España y en Andorra, mientras que el aimara se habla en Bolivia, Perú, Argentina y Chile. Por ello, resulta un catalizador para la cooperación internacional. Otras propuestas podrían versar desde políticas activas de educación funcionarial hasta la cooficialidad de las lenguas minorizadas en la CIN.

Reflexiones

Como reconoce la CIN, la cultura es un eje básico de la misma. Se puede afirmar que constituye el elemento vertebrador por excelencia de cualquier comunidad. Reconocer y proteger a las lenguas minorizadas dentro del espacio iberoamericano acercaría e inmiscuiría al ciudadano iberoamericano en el proyecto regional. Además, facilitaría la proyección interna de la organización y beneficiaría a la propia CIN. Ganaría legitimidad al constituirse de manera que representase todas las comunidades que la conforman. De este modo, recogería los frutos que la diversidad y la riqueza que trae consigo.

No hay que olvidar que mucho antes vinieron las naciones que los Estados. Por ello, desaprovechar el tejido social inmanente a la infinitud de comunidades articuladas a través de la lengua comportaría desechar el instrumento que más ha facilitado el tejido asociativo durante siglos. Tratar de crear la CIN olvidando las históricas lenguas y comunidades minorizadas sería un fútil intento de integración regional, dada la desintegración paralela que comportaría.


“- Nomás te dejo de ver y te me pones viejita.
– Viejitos los cerros y todavía reverdecen.”
A. Cuarón (2018), Roma