Ser feminista en Arabia Saudí: el caso de Samar Badawi
Samar Badawi ha sido, junto con otras muchas activistas árabes, el motor de grandes cambios en el reino saudí. Sin embargo, tras ser excarcelada en junio de 2021, sigue sin poder trabajar, publicar en RRSS o viajar al extranjero.
Por Teresa Bazarra
20 de septiembre de 2021

Ser feminista en Arabia Saudí

El caso de Samar Badawi

samar Badawi

Arte por Mario Gómez Sanchez

El pasado mes de junio, la feminista y activista saudí por los derechos humanos Samar Badawi salía de prisión tras cumplir una pena de tres años. ¿El delito? Según las autoridades de Arabia Saudí, tanto ella como otras 11 mujeres habían sido detenidas entre mayo y julio de 2018 por “promover la desestabilización del país”. Es decir, por exigir el derecho a conducir de las mujeres y criticar el sistema de tutela masculina, que permite a los parientes masculinos de mujeres adultas restringir su libertad, tanto de movimiento como de matrimonio, entre otras cosas.

Cuando apenas se cumplían los tres meses de su detención, Amnistía Internacional denunció que Badawi y otros activistas estaban sufriendo torturas y abusos sexuales. Además, durante todo ese tiempo tampoco pudieron solicitar un abogado o ver a sus familiares. Samar Badawi ha sido la última de las 12 mujeres en salir de la cárcel por un delito indefinido (estuvo detenida entre 2018 y 2019 sin cargos ni juicio, y nunca terminaron de explicar por qué las condenaron) y auspiciado por el silencio de las autoridades.

¿Derechos alcanzados o concesiones reales? La fragilidad del cambio

Después de todo este tiempo en prisión, la activista se ha encontrado con una sociedad que poco a poco empieza a cambiar: desde 2019, las mujeres pueden solicitar un pasaporte y viajar al extranjero sin autorización, y a partir de junio de este año (simbólicamente, el mismo mes en que se excarceló a las últimas presas) las saudíes mayores de edad pueden vivir por su cuenta sin necesitar el permiso masculino. Además, el heredero y gobernante de facto de Arabia Saudí, el príncipe Mohamed Bin Salmán, ha acabado también con la prohibición de conducir que afectaba a las mujeres, un gran paso a la hora de garantizar su movilidad por el país y facilitar el acceso al trabajo.

Si bien Salmán está detrás de muchos de estos cambios (que contradicen la constante represión de activistas), es la labor de figuras como Samar Badawi la que, durante años, ha allanado el camino hacia una mejor, aunque insuficiente, situación de las mujeres en el país árabe. Desde principios de siglo, Badawi ha estado en el foco por su espíritu y lucha feminista.

Una vida entre barrotes invisibles

Todo empezó cuando su padre la denunció por “desobediencia” al violar el sistema de tutela masculina: Badawi se había divorciado de su primer marido, por lo que tuvo que regresar a la casa de su padre, donde asegura que sufrió abusos por parte de este.

Fue entonces, con 27 años y un hijo pequeño, cuando Badawi abandonó la casa paterna y se refugió en un hogar para mujeres maltratadas. Su progenitor llegó a denunciarla hasta dos veces, y en la segunda ocasión un juez mandó detenerla. Badawi fue encarcelada entre el 4 de abril y el 25 de octubre de 2010, cuando, tras una importante campaña de presión internacional, un tribunal falló a su favor y la tutela se trasladó a su tío. Esto le permitió escapar de los abusos de su padre y volver a casarse, pero siempre dentro de las reglas del juego marcado por el sistema de tutela masculino. De cara a la legalidad, lo único que había cambiado es que ahora era otro familiar quien debía aprobar o coartar sus acciones y decisiones; quien monitorizaría toda su vida.

Campaña de Amnistía Internacional en favor de las feministas árabes. Fuente: Amnistía Internacional

La voz que rompió el silencio

De hecho, fue su propia experiencia la que convirtió a Samar Badawi en un referente de inconformismo con la tutela masculina; pero esto solo sería el principio de un largo camino de protesta y valentía, de lucha por enfrentar al poder y la sociedad a unas leyes y costumbres profundamente anacrónicas.

En 2011, Badawi y la también activista Nassima al Sadah serían las primeras en presentar una demanda para que se permitiera el voto femenino y la presentación de candidaturas a las elecciones municipales de ese mismo año (algo que llegaría finalmente en 2015. La propia Nassima al Sadah presentó su candidatura, pero las autoridades acabarían retirando su nombre de la votación). Poco tiempo después, Badawi desempeñaría un papel fundamental en la campaña de redes sociales “I will drive my car myself” y, a principios de 2012, denunciaría a la Dirección General de Tráfico del Ministerio del Interior después de que hubieran rechazado su solicitud del permiso de conducir.

A sus 40 años, Samar Badawi ha sido, junto con una larga lista de activistas árabes (​​Loujain al-Hathloul, Nassima al Sadah, Eman al-Nafjan…) el motor de grandes cambios en el reino saudí. Sin embargo, tras ser excarcelada en junio de 2021, Badawi sigue sin poder trabajar, publicar en redes sociales o viajar al extranjero. En un momento crucial para las mujeres en Arabia Saudí, pero en el que los derechos alcanzados se visten de “concesiones o favores reales”, cabe plantearse: ¿de qué sirve dar voz a los cambios si se sigue silenciando a aquellas que lucharon durante tanto tiempo por conseguirlos?